ESG en acción: cómo medir la sostenibilidad y transformar la gestión de organizaciones públicas y privadas en el Ecuador
En los últimos años, la sostenibilidad dejó de ser un “valor agregado” para convertirse en una condición básica de competitividad. Hoy, tanto organizaciones públicas como privadas enfrentan una pregunta clave: ¿cómo saber si realmente están aportando al desarrollo sostenible? La respuesta está en los indicadores de sostenibilidad, herramientas que permiten medir con datos reales el impacto ambiental, social y de gobernanza de las decisiones que se toman cada día.
Los indicadores de sostenibilidad no son solo números en un informe. Son una forma de traducir los principios de la sostenibilidad en acciones concretas y medibles. Cuando una institución mide su consumo de energía, la seguridad de sus trabajadores o la transparencia de sus procesos, está creando un puente entre la estrategia y la realidad operativa. Ese puente es el que permite mejorar de manera continua y rendir cuentas a la ciudadanía, a los clientes y a los financiadores.
El enfoque más utilizado para ordenar estos indicadores es el ASG (Ambiental, Social y Gobernanza). En la dimensión ambiental se evalúan aspectos como el uso de agua, la generación de residuos o las emisiones. En la dimensión social se observan condiciones laborales, seguridad, igualdad de oportunidades y aporte a la comunidad. En la gobernanza se mide la ética, la transparencia y el cumplimiento normativo. Este enfoque se conecta con marcos globales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que ayudan a alinear los esfuerzos locales con metas globales.
Aterrizar estos conceptos a la práctica es más sencillo de lo que parece, por ejemplo, una empresa o institución puede comenzar midiendo cuánta energía consume por persona al mes. Con ese dato, se pueden fijar metas realistas de reducción mediante acciones simples como cambiar luminarias, optimizar horarios de uso de equipos o promover hábitos de ahorro, lo que nos permite contar con un indicador claro que convierte una buena intención en una acción medible. En el ámbito social, un indicador muy útil es la tasa de accidentes laborales y, si en tu organización detectas que este valor es alto, puede implementar capacitaciones en seguridad, mejorar equipos de protección y rediseñar procesos, dando seguimiento al indicador puedes evidenciar documentadamente si las medidas funcionan o si es necesario ajustar la estrategia, de esa manera nos daremos cuenta que midiendo nos permitirá aprender y corregir.
En el ámbito de gobernanza, la transparencia de los procesos de compras o contratación es clave, especialmente en el sector público, entonces, medir el porcentaje de procesos auditados o con criterios de integridad ayuda a reducir riesgos de incumplimiento y fortalece la confianza de la ciudadanía mientras tanto que, en el sector privado, estos indicadores son cada vez más valorados por clientes e inversionistas que buscan organizaciones confiables y responsables.
Uno de los principales aprendizajes que la experiencia me ha dejado en el ámbioto de la sostenibilidad, es que no se trata de medirlo todo, sino de medir lo que realmente importa. Debemos ser capaces de identificar en cada organización cuáles son sus impactos más relevantes según su sector y contexto porque nos daremos cuenta que no enfrenta los mismos retos una empresa de turismo que una universidad o un municipio. Elegir pocos indicadores, pero estratégicos, es más efectivo que manejar decenas de métricas que terminan desgastando y no se usan para tomar decisiones.
Para empezar de forma ordenada, te brindo una guía rápida de aplicación puede ser de gran ayuda:
- Primero, definir objetivos claros de sostenibilidad alineados con la misión de la organización.
- Segundo, identificar los impactos más relevantes en lo ambiental, social y de gobernanza.
- Tercero, seleccionar algunos indicadores clave y establecer una línea base.
- Cuarto, fijar metas realistas y responsables.
- Quinto, asignar responsables de medir y revisar los datos y,
- Usar la información para mejorar procesos y comunicar avances de manera transparente.
En el contexto ecuatoriano, los indicadores de sostenibilidad son especialmente importantes. Permiten a las instituciones públicas fortalecer la gestión por resultados, mejorar la eficiencia del gasto y demostrar impacto en proyectos de infraestructura, ambiente o servicios sociales. En las empresas privadas, facilitan el acceso a mercados, financiamiento y alianzas, en un entorno donde la sostenibilidad es cada vez más un requisito y no solo una ventaja competitiva. También es importante evitar errores comunes como son: definir indicadores sin responsables, fijar metas inalcanzables o recolectar datos que luego no se utilizan para mejorar la gestión. Un indicador solo tiene sentido si orienta decisiones reales porque medir por medir no transforma; medir para mejorar sí.
En conclusión, los indicadores de sostenibilidad son una herramienta poderosa para convertir la sostenibilidad en gestión cotidiana. No solo permiten cumplir con normativas o reportes, sino que ayudan a construir organizaciones más eficientes, transparentes y comprometidas con su entorno, más aún en un país como el nuestro, donde los retos sociales y ambientales son tan evidentes porque la sostenibilidad no se construye con grandes discursos, sino con pequeñas mejoras sostenidas en el tiempo que, sumadas, generan un impacto real.
EPMJ
